Los niños de hoy tendrán dificultades para afrontar el mundo del mañana

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Educar sin gritar, educar sin castigar, educar para que no sufra, educar sin llorar, educar sin rabietas…y así un largo etcétera de ideales en la educación de los niños que se alejan de la realidad de muchas familias que intentan aplicar sin éxito estos principios en niños inquietos, niños que gritan, niños que no hacen las tareas que se les encarga…El debate está servido, podemos apostar por un ejército de niños preparados para la supervivencia y afrontar los problemas de cualquier sociedad en la que vivan en el futuro o por un ejército de reborns ajenos a los problemas del mundo real y dependientes de sus progenitores.

Los niños necesitan educación y especialmente límites y obligaciones

Quizá estemos pecando de una educación laxa, una educación donde el niño se convierte en el eje de una peonza que gira y gira viendo cómo sus progenitores disfrutan con su baile. Él es el verdadero centro del universo, es el actor principal de la película más taquillera y el emperador de la casa. Su educación basada en el exceso de mimos y la recepción de halagos, a veces incluso, por el simple hecho de respirar se suma a la ausencia de cualquier reproche, obligación, sufrimiento o «trauma» desembocando con el paso de los años en el océano de la tiranía, despotismo y egocentrismo. Todo un cóctel mólotov para entrar en la temida adolescencia. Pero su educación basada en los sin, provoca que su única preocupación sea que su peonza siga bailando mientras todos la admiran y elogian, eclipsando el interés por los problemas ajenos y de la sociedad.  

No quiere perder sus pertenencias y privilegios heredados, imponiendo a sus vasallos que le agasajen cada vez con tesoros y monedas de oro más grandes. 

Todos los niños deben experimentar múltiples emociones «positivas» y «negativas», fortalecerán su salud mental

¿Un niño necesita llorar? Por supuesto, no podemos educar sin lágrimas. Tampoco debemos buscar situaciones para provocar las lágrimas, estas deben surgir sin planificarse. Los niños tienen que vivir y experimentar múltiples emociones desde la alegría a la tristeza, pasando por la ira, la soledad o el desasosiego. Cuando un niño experimenta una emoción y sus progenitores le facilitan estrategias para afrontar esa emoción se genera un aprendizaje, una experiencia más para la mochila de la salud mental, la única mochila escolar que aporta para la supervivencia en el mundo adulto.  

Estas estrategias son las que tendrá el niño cuando ponga un pie por primera vez él solo en el mundo adulto y observe la cantidad de problemas que hay a su alrededor, desde problemas económicos, a problemas de salud, laborales, de amor/desamor, de convivencia, desigualdades sociales, conflictos bélicos,  de enemistad, ideológicos o problemas medioambientales. 

Si no trabajas, aportas o te esfuerzas no conseguirás nada

Nuestros padres puede que no estén con nosotros en el mundo adulto, y ahí es cuando estaremos solos ante una sociedad que avanza muy rápido y que quizá lo que menos le importe sea nuestra vida. El niño ya no tendrá el grupo de bailarines que danzaban coordinadamente a su ritmo. Contemplará y sufrirá el vacío de valores en muchas personas que recibieron su misma educación. Todas intentarán imponer su propio yo, fruto de una alimentación basada en la excesiva ingesta de ego y la entrega de obsequios, como si del McDonal’s se tratase en agradecimiento por el esfuerzo de haber comido una sabrosa hamburguesa con cinco sobres de ketchup esparcidos aleatoriamente por toda la mesa y suelo, que serán recogidos por una de esas raras personas que se esfuerzan. Los niños del hoy, sin trabajo ni obligaciones, tendrán una notable dificultad para entender el mundo del mañana, un mundo que es firme y que dicta sentencia, si no trabajas, aportas o te esfuerzas no conseguirás nada. 

Los problemas de salud mental están aumentando en niños y adolescentes

La tendencia de la investigación en el ámbito de la salud mental es incremental. Algunos estudios (Polanczyk  et al. 2015) confirman que 1 de cada 7 jóvenes cumple con los criterios de diagnóstico de un problema de salud mental y su aparición comienza alrededor de los 15 años (Kim-Cohen et al. 2003). Son múltiples los factores que conducen a estos problemas desde una educación con ausencia de valores y estrategias para afrontar diferentes problemas de la vida a aspectos vinculados con variables psicológicas y psicosociales, fracaso escolar, consumo de drogas y alcohol, inactividad física, entre otros.

En nuestras manos está la responsabilidad de dotar a nuestros hijos de todas las estrategias necesarias para que aprendan a quererse y valorarse por ellos mismos, a luchar por sus derechos cumpliendo con sus obligaciones, a saber convivir en sociedad, a experimentar múltiples emociones que solamente les hagan más fuertes y doten a su mente de una mayor riqueza de estrategias para afrontar cualquier otro problema que le sobrevenga en su vida adulta y a trabajar en común por una sociedad mejor, concienciándolos para intentar cumplir los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030. En nuestras manos está educar 24 horas al día los 365 días del año, trabajando la educación en valores en cada escenario donde actúa e interactúa el niño. 


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